Para desenvolvernos en nuestro medio habitual debemos realizar múltiples actividades: reunirnos con personas, usar variados vehículos de locomoción, usar los objetos que la tecnología ha puesto a nuestro alcance para facilitar nuestra vida, organizar nuestras finanzas, etc.
Las actividades que hacemos son tantas y tan variadas que la mayoría de las veces ni siquiera reflexionamos sobre ellas. Pero cuando el hacerlas se torna dificultoso o presenta algún aspecto nuevo, nos detenemos a valorar la utilidad que tienen para nosotros y quienes nos rodean.
Para efectuar este tipo de tareas usamos la llamada “memoria cotidiana“. Esta memoria nos permite desarrollar actividades a partir de información que se usó en el pasado, que se usara en el futuro o que es usada en el presente, es decir, mientras se realiza una determinada tarea.
La memoria cotidiana del pasado es usada cuando nombramos a alguien, cuando intentamos recordar si cerramos las puertas con llave o buscamos dónde hemos dejado los anteojos. La memoria cotidiana del futuro la necesitamos para recordar alguna cita o evento del que queremos participar.
La memoria cotidiana del presente se evidencia especialmente en situaciones comunicativas, como al conversar o leer. En estas situaciones podemos mantenernos en la instancia de comunicación si recordamos la información que hemos recibido recientemente para relacionarla con la que está siendo transmitida en el momento. O bien, necesitamos recordar lo que acabamos expresar para poder continuar nuestro enunciado coherentemente.
Todos estos tipos de memoria cotidiana pueden verse afectados por los llamados olvidos cotidianos. De hecho, es probable que todos hayamos experimentado esta clase de olvidos: no recordamos el nombre de alguien, si realizamos una acción determinada o el lugar en que se hemos dejado algún objeto. Olvidamos dar un recado o recordamos muy tarde que teníamos un compromiso. Preguntamos ¿de qué estábamos hablando? o volvemos a leer un párrafo inmediatamente después de haberlo leído.
¿Debieran preocuparnos estas situaciones? Ciertamente a todos nos ocurren, especialmente al enfrentar situaciones de estrés, por lo que podríamos decir que no. Además, estos olvidos parecen aumentar con el aumento de la edad, pero en la gran mayoría de las personas -si no en todas. La razón por la cual uno se debiera preocupar y, por consiguiente, consultar a un profesional, es que estos olvidos estén afectando notoriamente la calidad de vida y/o poniendo en riesgo la seguridad personal.

Podríamos preguntarnos porqué ocurren estos olvidos, que suelen restringirse a las situaciones particulares que hemos mencionado. Principalmente se deben a que la mayoría de estas situaciones, por ser parte de nuestros hábitos y rutinas, suceden con un alto nivel de automaticidad. Es decir, no las realizamos con absoluta atención y conciencia.
En el caso específico de los nombres, los olvidos se producen además porque los nombres son palabras con escaso significado definido. Es decir, la palabra “Ana” no evoca un significado único. Alguien que conozca alguna persona con este nombre probablemente lo asociará con la imagen de esa persona. Pero si se conoce a muchas “Ana”, se puede tener la imagen de cualquiera de ellas (o de todas ellas) sin que ninguna de las caras de esas personas sea el significado específico de “Ana”. Esto no ocurre con otras palabras, como “mesa”, donde -de manera independiente a las imágenes de mesa que se puedan asociar- hay un significado determinado que comparten todas estos ejemplos de “mesa”.
En cuanto a los recados o las citas, así como algunos aspectos comunicativos, éstos pueden olvidarse porque exigen el recuerdo de más de una información y el sistema de memoria humano se caracteriza por su limitada capacidad, lo que explica que pueda olvidarse toda la información o parte de ella. Por ejemplo, para recordar una cita, se debe recordar dónde y cuándo se producirá la cita, con quién es el encuentro y cuál es el propósito del mismo. Y para conversar, la información que ya se ha escuchado o dicho pasa, mientras se recibe o dice nueva información, donde debo relacionar esta información nueva con la recibida recientemente y además debo atender a una amplia variedad de otros aspectos: si la persona con la que se conversa está atendiendo, si está comprendiendo, etc.

Al considerar estos elementos, es claro que el tipo de información que almacena la memoria cotidiana puede ser “frágil” en términos de estar bastante expuesta al olvido. Ahora, ¿porqué no olvidamos siempre esta información?, porque al ser parte de nuestras rutinas y hábitos suele ser manejada con relativa frecuencia y -por esta misma frecuencia- con precisión.
Pero existen algunas medidas que se pueden tomar para disminuir los olvidos cotidianos. Idealmente serán ejercitadas con la guía de un profesional quien ayudará a determinar las que realmente necesita y la mejor manera de aplicarlas para ir desarrollando el hábito. Pero también hay algunas que se pueden desarrollar en el hogar, y son las que se mencionan a continuación:
- Atender: prestar real atención a lo que se está realizando, observando efectivamente lo que se hace y la situación en la que ocurre.
- Asociar: especialmente al aprender nombres o para recordar recados es importante la asociación entre la información. En la memoria los recuerdos se almacenan de manera ordenada, organizada de acuerdo a las relaciones que tiene una información con otra. Cuando se asocia, es más fácil poder recordar una información porque está siendo almacenada de manera ordenada, donde el orden fue decidido por quien realizó la asociación.

En el caso de los nombres, es posible asociar a un nombre alguna información biográfica que conozcamos de la persona, por ejemplo, alguien de nombre “Martina” que viven en Viña del Mar, o alguien de nombre “Rosa” que cuide mucho su jardín. Pero no siempre vamos a encontrar la posibilidad de establecer estas asociaciones, por lo que también se puede asociar el nombre a algunas características físicas de la persona que sean relativamente permanentes (la forma de los ojos, la configuración de su rostro). De esta manera, aunque los nombres no se asocian a un significado definido, se puede crear una imagen mental con la que se asocie ese nombre.
- Visualizar : observarse realizando la acción y retener unos segundos esa imagen “viéndola mentalmente”. Por ejemplo, al cerrar la puerta con llave, ver la mano usando la llave para cerrarla, preocuparse de oír el sonido que produce la llave al girar y llegar al tope. Luego recordar cómo se veía esa imagen y cómo sonó el cierre de la puerta. De esta manera, al intentar recordar si realizamos o no una acción tendremos más elementos que faciliten nuestro recuerdo porque le dimos a nuestra memoria más información.
- Verbalizar:: decir en voz alta o mentalmente (subvocalizando) una información es una forma de repetirla y, por tanto, favorece su memorización. Así, se puede verbalizar el nombre de alguien que hemos conocido, las acciones que hemos realizado recién o el lugar donde acabamos de dejar un objeto. Esto lo hace menos automático y favorece el posterior recuerdo pues permite asociar a la acción realizada información adicional.
- Usar Ayudas externas: especialmente para recordar recados, compromisos y los medicamentos. Es importante no descansar siempre en la memoria pues su capacidad ES limitada. Y toda información que sea importante debiéramos escribirla en algún “ayuda-memoria”. Por ejemplo, registrarla en alguna agenda, en un calendario que se encuentre en algún lugar visible de nuestro hogar o tener una libreta exclusivamente para anotar recados, ubicada estratégicamente cerca del teléfono.
- Orden: tener lugares específicos para dejar/guardar los objetos importantes y preocuparse por mantenerlos en esos lugares. Para usar esos lugares realmente, se deben elegir considerando las características físicas del lugar en que se vive, las personas con las que se vive(edad, hábitos), las rutinas que se realizan en el hogar y las propias características. Además se debe tener presente que instaurar un hábito requiere sistematicidad y tiempo, por lo que hay que ser constantes en el guardar los objetos en los lugares establecidos.
- Textos: al leer una información que queramos aprender, “hacer preguntas al texto”, es decir, luego de cada párrafo hacerse preguntas sobre lo que se acaba de leer, releer el texto buscando las respuestas a esas preguntas y hacer resúmenes con la información más importante.
Como se puede apreciar, lo fundamental para evitar los olvidos cotidianos es disminuir la automatización de las actividades y ser ordenado. Pero estas conductas sólo pueden afianzarse en la medida en que se realicen con sistematicidad. De manera que la invitación es a ayudarse con entusiasmo y dedicación, implementando aquellas medidas que le puedan ser de utilidad.
Jennifer Duarte Bravo
Fonoaudiólogo
Master en Cognición
Docente U3E
Cursos: Entrenamiento de la Mente y Desarrollo de Destrezas Comunicacionales






Realmente , me ha parecido muy interesante y sobre todo practico el articulo, ya que son simples,ejercicios que bien valen la pena tener en cuenta, pero sobre todas las cosas, me ha caido de maravillas!!! pues , vivimos tan apurados nuestros dias tan recargados de actividades, que en mas de una ocasion , algo o alguien, se nos quedo en el camino y no lo recordamos sino hasta muy tarde.Vale la pena ejercitar la memoria!!!! Gracias
Me pareció muy bueno el artículo y, sobre todo, muy didáctico. Las herramientas que entrega, además de fáciles de lograr, me resultaron entretanidas. Gracias y espero más.
EXCELENTE , LO FOTOCOPIE PARA TRANSMITIRLO PRINCIPALMENTE A LOS QUE LLEGAMOS A LOS 60 GRACIAS